Necropsia de Aves (Parte II)
Necropsia para aves: segunda parte de nuestra guía sobre este procedimiento esencial en veterinaria.

Una vez realizada la inspección externa, comenzaremos la inspección interna.
Para ello posicionaremos al animal en decúbito supino, es decir, con el dorso apoyado en la mesa o tabla de cortar. Realizaremos una incisión de la piel desde el pico hasta la cloaca, siempre evitando cortar el buche y profundizar más allá de la piel. Este corte lo podemos hacer también en dos trazos distintos, uno de la zona media al pico y otro de la zona media hasta la cloaca. También podemos realizar un desplumado parcial para poder observar mejor la piel que queremos cortar.
A continuación debemos separar la piel de la grasa y tejido muscular tirando de ella. Comprobaremos el estado de los tejidos que han quedado expuestos, que no haya anomalías como hemorragias, atrofia… Para estabilizar al animal y adoptar una posición cómoda, desarticularemos la articulación coxofemoral (cadera) realizando una hiperextensión que provocará la dislocación de la cabeza del fémur (abrir las piernas hasta que oigamos un chasquido o notemos que ya no se encuentra en su posición habitual).
Separando el adductor del gracilis somos capaces de distinguir el trayecto que realiza el nervio ciático. Este siempre debemos examinarlo, ya que, en la enfermedad de Marek, las células tumorales infiltran en este nervio y se encuentra aumentado. Este engrosamiento suele ser unilateral, por lo que debemos observar tanto el que discurre en la extremidad derecha como el de la izquierda.


• Detalle de la ubicación y del nervio ciático
A continuación, haremos la apertura de la cavidad celómica. Para ello debemos realizar una incisión en la parte posterior de la quilla que se dirija oblicuamente hacia craneal, hasta llegar a la última costilla. Después realizaremos un corte paralelo a la mesa que corte las costillas. De esta manera quedará una estructura similar a una “tapa”, que podremos elevar y llevar cranealmente. Entonces quedará expuesta la clavícula, el coraciodes y la articulación del hombro, la cual debemos desarticular (desencajar) para poder retirar esta “tapa”
Una vez lo hayamos realizado, nos quedarán expuestas todas las vísceras y sacos aéreos (unas saculaciones que intervienen en la respiración de las aves). Debemos comprobar que estas estructuras se encuentran en su posición habitual y en buen estado. También debemos comprobar que no haya líquido libre en la cavidad celómica.
Pese a que hay diversas metodologías de necropsia, en este caso extraeremos en primer lugar el hígado, el cual estará anclado por diversas estructuras, como ligamentos, que debemos desgarrar o cortar.


Una vez eliminado e hígado, tendremos más espacio libre en la cavidad, lo que nos permitirá realizar una sección en la parte craneal al estómago glandular o proventrículo. También debemos seccionar la parte más caudal del aparato digestivo, la cloaca, y entonces ya quedará libre el paquete intestinal junto con otras estructuras como páncreas y bazo. Extraeremos este conjunto de órganos.
Entonces observaremos perfectamente las gónadas (testículos u ovarios) que están situadas en el polo craneal del riñón derecho. Debemos tener en cuenta que, en el caso del ovario, solo encontraremos uno, el izquierdo, ya que el derecho se atrofia en los primeros días del embrión. Siguiendo las gónadas y las estructuras que de ellas emergen, podremos determinar el aparato reproductor completo para extraerlo. Entonces quedarán solamente los riñones, los cuales examinaremos in situ. Posteriormente, mediante una tracción con las pinzas y la punta de las tijeras (cerradas) realizaremos la extracción de los riñones.
Las vísceras más craneales las extraeremos en conjunto. Para ello realizaremos un corte en cada lateral del pico y otro en el paladar blando. De esta manera habremos liberado los puntos de inserción del esófago, y lo podremos extraer junto con la tráquea, que se encuentra unida y también se encuentra libre de inserciones en su parte craneal.
Entonces traccionaremos de estas estructuras llevando con nosotros esófago, buche y tráquea. Una vez lleguemos al final de la tráquea, los pulmones se encuentran insertados en la cavidad y debemos separarlos con sumo cuidado con la mano o con ayuda de instrumental.

Finalmente extraeremos, junto con las estructuras anteriormente mencionadas, los pulmones y corazón.

.• Pasos para la extracción del encéfalo
Solamente nos queda extraer el encéfalo. Para ello retiraremos la piel que cubre el cráneo, incluyendo conductos auditivos, hasta llegar a los ojos en los que notaremos mayor unión. La articulación atlanto-occipital es la que une el occipital (cráneo) con el atlas (primera vértebra cervical). En este punto debemos hacer un corte para desarticular y separar la cabeza. Realizaremos un corte en la zona dorsal del cráneo que llegue de una parte a otra, justo por detrás de los ojos. Este corte debemos realizarlo con mucho cuidado ya que se trata de una zona muy frágil y es fácil romper o atravesar el hueso y dañar o destruir el encéfalo.
Luego realizaremos dos cortes perpendiculares al anterior, que discurren de la parte caudal del ojo al cóndilo del occipital (protuberancias que se sitúan a ambos lados del agujero magno o agujero del occipital). De esta manera podremos retirar la zona dorsal del cráneo y dejar al descubierto el encéfalo. El encéfalo puede ser extraído para una mejor observación y toma de muestras.
Llegados a este punto, realizaremos un examen externo de los órganos que hemos ido extrayendo a lo largo de la necropsia. También debemos palparlos y determinar su consistencia. Para finalizar, haremos diferentes cortes y aperturas que nos permitan observar su interior, su contenido y que puedan dar información de posibles alteraciones. En el caso del digestivo, debemos hacer cortes a lo largo de todo el aparato ya que las lesiones se pueden localizar en zonas concretas. Por ejemplo, en el caso de la coccidiosis (Eimeria tenella) observaremos una tiflitis hemorrágica (inflamación de los ciegos, que en las aves son dos, con contenido hemorrágico).
En el corazón, debemos hacer dos cortes que nos permitan observar todas las cavidades cardiacas, siguiendo la misma dirección que sigue la sangre en un estado fisiológico. Del aparato respiratorio también podemos observar anormalidades realizando cortes, como puede ser el caso de presencia de espuma en la tráquea, petequias o zonas necróticas en los pulmones.
Espero que la descripción de este protocolo haya sido útil y os anime a realizar las necropsias de vuestros animales antes de desecharlos. Aun así, no me gustaría acabar sin recalcar que el especialista en este caso es el veterinario anatomopatólogo, el cual adquiere una formación que le permite obtener gran cantidad de información de cada caso y obtener un diagnóstico más certero. Además, este estudio macroscópico siempre se acompaña de otro estudio microscópico y pruebas complementarias que ayudan a dirigir y ser más preciso en el diagnóstico. Por lo tanto, especialmente en casos de altas mortalidades, os animo a que consultéis con un centro especializado y mandéis vuestros animales a un especialista para obtener un diagnóstico fiable.
Bibliografía:
Majó, N., Dolz, R. (2018) Atlas de la necropsia aviar. Diagnóstico macroscópico. Toma de muestras. Grupo Asís. ISBN: 978-84-17640-05-7. Zaragoza.
Badiola, J.J. (2020) Clases Anatomía Patológica General. Comunicación oral. Universidad de Zaragoza.
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Martín-Gairal, N. (2019) Fisiología de la puesta de la gallina. Veterinaria digital. Avicultura. Divulgación. Disponible en: https://www.veterinariadigital.com/articulos/fisiologia-de-la- puesta-de-la-gallina/
(Consultado en Julio de 2020)
David López-Carbonell. Universidad de Zaragoza

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